La portería del Bernabeu

Era el año de la séptima Copa de Europa del Real Madrid, el equipo merengue jugaba su semifinal en casa contra el Borussia de Dortmund y estaba a un paso de su tan deseada final. A un minuto de iniciarse el partido, la portería sur se rompía a consecuencia de un exceso de tensión al ceder la valla del fondo que aguantaba sus redes. Varios hinchas, muy excitados, habían provocado su vencimiento por un exceso de euforia. Es entonces cuando el árbitro y demás autoridades toman la decisión de retrasar el partido 30 minutos y esperar a que el Real Madrid solucione el problema. El Club, viendo que no puede reparar la portería in situ, emprende un plan B: traer otra portería desde su Ciudad Deportiva.

porteria-bernabeu

Escoltado por varios policías motorizados, el delegado del Madrid sube a toda velocidad la Castellana con una furgoneta del club en busca de una nueva portería. Al llegar a la Ciudad Deportiva se dan cuenta que no pueden transportada en el vehículo que traen y echan mano de dos operarios que trabajan allí y que disponen de una pequeña camioneta que si puede. En dirección prohibida, la portería llega al estadio, casi una hora después del incidente, y entra por uno de sus vomitorios a duras penas. El Madrid instala la portería en escasos quince minutos y el árbitro y delegado de la UEFA dan su visto bueno. El partido comienza a jugarse una hora y cuarto después de su hora prevista.

Hoy este incidente hubiera significado la inmediata descalificación del Real Madrid de la competición además de una severa sanción económica. Castigo económico que si tuvo que pagar el equipo de la Castellana además de sufrir uno de los mayores ridículos de la historia de la Champions League. Un percance que ha servido, entre otras cosas, para que todos los clubes estén obligados a tener una portería de repuesto en sus estadios así como a tensar las redes de sus porterías fuera del alcance de sus aficionados. ¿Se imaginan al Real Madrid sin su séptima Copa de Europa? Con despistes así hay que tener siempre muchísimo cuidado… y sino, que se lo pregunten al incauto de Chéryshev.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *