La mano de Dios, el irresistible gesto de meter la mano


La mano de Dios, el irresistible gesto de meter la mano

Era el año 1986 y se jugaban los cuartos de final del Mundial de México entre británicos y albicelestes. Habían pasado cuatro años desde la derrota de Argentina frente a Inglaterra en el conflicto bélico de las Malvinas. Por lo que aquel partido resultaba ser algo más que una clasificación para semifinales. Comenzada la segunda parte cuando Maradona recibió una pelota bombeada en el área y, con gran picardía, uso su puño izquierdo para desviar el balón y superar al guardameta. Era el primer gol del partido que terminó finalmente 2-1 y que llevaría a los argentinos a conquistar aquel torneo. Después, el astro argentino, reconoció que su gol había sido marcado «un poco con la cabeza y un poco con la ‘Mano de Dios’. Se acababa de ‘santificar’ el arte de golear con la mano.

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Años más tarde, otros protagonistas también han sabido utilizar esta ‘mano divina’ para salir victoriosos. Lionel Messi emuló al ‘Pelusa’ en el 2007, en un derbi contra el Espanyol, marcando en el minuto 43 mientras disimulaba con la cabeza. O el jugador francés Thierry Henry, que utilizó su mano para ayudar a su selección a llegar al Mundial de Sudáfrica 2010. Circunstancia que perjudicó directamente a su rival en aquel partido, Irlanda del Norte, que ‘tocaba’ ya su clasificación. Debe ser un gesto imposible de evitar y más, cuando se juega algo importante. Porque parece que no hay delantero en el mundo que pueda reprimirse… ¿O sí?

Existe una excepción sucedida hace no muchos años en la Bundesliga alemana. Marius Ebbers, jugador del St. Pauli de la segunda división, admitió al árbitro haber convertido un gol con la mano además de pedir su inmediata anulación. Su equipo se jugaba entonces el ascenso a primera. Hecho que le sirvió para recibir, poco tiempo después, una mención especial al juego limpio otorgada por la FIFA. Está claro que no todos los jugadores piensan como Marius. Y que si tu equipo puede llevarse el partido… meter la mano, resulta ser una pequeña pillería.

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